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viernes, 8 de marzo de 2013

SER PADRE O MADRE DE UN ADOLESCENTE


La adolescencia es una de las etapas más complicadas en la vida de los humanos, no sólo para los adolescentes, sino también para los padres. Habrá momentos en que te parecerá que una persona irreconocible ha ocupado el puesto de tu hij@ y añorarás un pasado más fácil en cuanto a la disciplina se refiere.

Pero es importante recordar que durante la adolescencia nuestros hijos aprenden a ser su propia persona, a tomar decisiones ellos solos, a convivir más con sus compañeros, a vivir situaciones de amor correspondido o amor no correspondido y, en definitiva, a servir como ser independientes en el mundo.
Es una tarea tan importante para su futuro como adulto como complicado, y hay que respetar su forma de afrontar los retos de esta edad y, en la mayor medida posible, comprender su complejidad. Es fácil desesperarse cuando vemos a nuestros hijos tambalear entre la dependencia de un niño y la independencia de un adulto según el desafío del momento, pero hay que armarse de paciencia e intentar no dejarle ver nuestra frustración.

No podemos trasladar (todavía) nuestras reglas y soluciones de adultos a los problemas y situaciones de nuestros adolescentes. Los adultos afrontamos los retos con un sentido mucho más desarrollado sobre quiénes somos, cuáles son los valores importantes, qué deseamos y cómo lo conseguimos. Pero no podemos - ni debemos intentar - trasladar este sentido (logrado después de muchos años de aprendizaje personal y profesional) a nuestros hijos. No debemos imponer nuestra manera de hacer las cosas o arreglar situaciones difíciles, por mucho que estemos más preparados para ellos para hacerlo. Podemos - y debemos - escuchar, aconsejar, ayudar o ensayar con ellos. Pero nada más. Tienen que aprender, y debemos respetar su manera de hacerlo en la mayor medida posible.

Errores, falsos inicios, opiniones equivocadas, acciones impulsivas, obsesiones pasajeras, lealtades cruzadas, fracasos..... todo forman parte de este aprendizaje. Los adolescentes no sólo tienen que aprender la respuesta correcta a una dada situación, sino que tienen que comprender el valor de esa respuesta y esto es algo que a veces sólo se aprende a través de la experiencia. Es un camino complicado, confuso y difícil, que requiere la comprensión y el apoyo de madres, padres, y familiares mayores.

Adolescentes que se sienten capaces de contarles a sus padres sus temores, sus fracasos y sus aspiraciones sin ser juzgados, tienen muchas más posibilidades de convertirse en adultos seguros y buenas personas que aquellos adolescentes que sienten la necesidad de esconderles todo a sus padres. Nuestro reto como padres de adolescentes es mantener abiertas las vías de comunicación, trasladar nuestras inquietudes a nuestros hij@s sin predicarles, aprender a explicar nuestra postura sin menospreciar la suya, respetarles y conseguir que nos respeten, contar hasta diez antes de gritar...

Pinchar en los enlaces abajo para consejos específicos relacionados con los distintos aspectos de la convivencia con adolescentes y su educación.



El egocentrismo adolescente.



Es habitual que los adolescentes piensen acerca de sí mismo, incluso aquellos que alcanzan el pensamiento formal pueden perder su objetividad lógica. Los adolescentes se preocupan por cómo los perciben los demás, tratan de catalogar sus sentimientos conflictivos acerca de sus padres, la escuela y los amigos íntimos; piensan en profundidad y la meditación sobre las experiencias subyacen a la reflexión y a la conciencia de sí mismo.
Estas nuevas aventuras introspectivas forman parte de la expansión de la conciencia de sí mismo. Sin embargo, a menudo están distorsionadas por el egocentrismo adolescente. Suele considerarse a sí mismos como muchos más significativos en el plano social de lo que son en realidad. Los adolescentes más jóvenes tienden a suponer lo que los otros pueden estar pensando.
Las ideas falsas reciben el nombre de fábula de la invencibilidad, la idea de que ellos no pueden ser vencidos y ni siquiera dañados por algo que podría derrotar a cualquier mortal. También están convencidos de que ellos nunca serán victimas, como los demás, de las conductas peligrosas que asumen.
Un segundo desliz lógico es la fábula personal: los adolescentes imaginan que sus propias vidas son únicas, heroicas o incluso legendarias.
La tercera conclusión falsa es la audiencia imaginaria, la cual surge de la suposición de muchos adolescentes de que las demás personas están tan atentamente interesadas en ellos como lo están ellos mismo. Como consecuencia empieza a fantasear acerca de cómo reaccionan los otros a sus apariencias y su conducta.
Los jóvenes no se sienten cómodos en el mundo social más amplio, por esos algunos se obsesionan con su imagen ante de aparecer en público.
Las diversas formas que pueden tomar el egocentrismo adolescente son las formas más obvias del pensamiento intuitivo y emociona.
Las conclusiones intuitivas.
El pensamiento intuitivo es evidente no sólo cuando los adolescentes se juzgan a sí mismos, sino también cuando están comprometidos en tareas más abstractas. La ventaja de este tipo de pensamiento es que es rápido y emocional.
El pensamiento intuitivo como una herramienta intelectual.
Los adolescentes mayores (16años) estuvieron mejor preparados que los del grupo más joven para usar el razonamiento analítico, al ver problemas obvios incluso en la investigación que favoreció sus propios antecedentes.
La economía cognitiva es exactamente lo que se podría esperar mientras aumenta la base de conocimiento, mientras el pensamiento se va agilizando y tanto el análisis como la intuición están más disponibles de modo simple y eficaz. Es tal vez más eficiente utilizar el pensamiento formal y analítico en la clase de ciencia y el pensamiento emocional y experencial en la vida personal de cada uno. Mientras el cerebro funcionan con más rapidez y de una manera más coordinada, una persona puede pensar de manera más vigorosa, pero esa fuerza se puede aplicar en muchas direcciones.
Aunque El pensamiento operacional formal no se usa universalmente, puede ser universalmente posible después de los 11años. Los adolescentes no necesariamente piensan en forma lógica; en realidad, el modo de pensar intuitivo, espontáneo y sencillo es con frecuencia su primera reacción, sobre todo para los temas en los que están personalmente implicados. La combinación de ambas formas de pensamiento es una manera armoniosa, no solo posible sino deseable. Con la maduración cerebral los adolescentes pueden convertirse en grandes pensadores utilizando las habilidades existentes, el nuevo razonamiento hipotético-deductivo y una intuición más eficaz y más rápida.

DESARROLLO EMOCIONAL Y SOCIAL



 
a) Descubrimiento de la vida interior. La observación y análisis de los propios sentimientos, motivaciones y actitudes que comienza en la preadolescencia experimenta un notable desarrollo en esta etapa En el descubrimiento de la vida interior se distinguen distintas fases

  • El descubrimiento del yo que suele comenzar a los 13-14 años debido a la experiencia del primer amor, los deseos contrariados o la lectura de un libro.
  • El gusto por la soledad. Les permite conversar consigo mismo, mantener el secreto sobre los sentimientos y pensamientos y poder manifestarlos sólo a quien quiera.
  • El gusto por el recogimiento. Orienta sus reflexiones hacia el futuro y sus preocupaciones diarias.
  • El egoismo o culto que el adolescente profesa a su individualidad, a cuanto de original hay en su yo. Dicho culto se manifiesta por la avidez en desarrollar sus potencialidades recién descubiertas y en la repulsión hacia todo aquello que pueda limitarlo o hacer perder su originalidad. Por ello, los adolescentes desean experimentar con todo y no renunciar a nada.
  • La exaltación o admiración por el yo. Tienen la creencia de que en su yo íntimo hay algo único, genial y diferente a los demás. Dicha creencia suscita un afán de poder y mando que sorprende e irrita al adulto, también puede conducir a conductas más o menos inadaptadas frente al mundo exterior.
b) Orientación hacia el mundo de los valores e ideales. 

Gracias a la aparición del pensamiento abstracto y el surgir de nuevas necesidades e intereses, los adolescentes son capaces de trascender más allá de las realidades inmediatas y descubrir y comprender sus valores: verdad, bondad, honradez, etc.
Hay una tendencia al idealismo que sirve de evasión del mundo real para construir un mundo interior. Es un idealismo irreal, debido a su falta de experiencia, que le permite dar explicaciones sobre la complejidad de la vida, donde sus valores se encuentran regidos por el principio del todo o nada. Esto le lleva a actitudes de intransigencia o inconformismo y a la crítica constante hacia lo establecido.
Al comienzo de este estadio el adolescente busca valores realizados de forma concreta en personas cercanas (padres, profesores) o lejanas (ídolos) a los cuales imita y con los cuales procura identificarse Pero a medida que gana terreno el pensamiento abstracto, eJ adolescente no personaliza Jos valores sino que crea su propio ideal a partir de modelos inventados.

c) Impulso de independencia y necesidad de autorrealización

Al llegar a la adolescencia los deseos de independencia y autoafirmaciónse incrementan, rechazan de forma plenamente consciente la imposición de cualquier influencia extraña a ellos. La necesidad de autorrealizaciónimplica el deseo de realización de sus propios valores y el deseo de ser mayor. Se comparan con los adultos y quieren igualarlos.


d) Actitud crítica frente al mundo de los padres

Los adolescentes lo rechazan de manera consciente. Hay tres puntos fundamentales en los que se centra la crítica hacia los padres: el modo de tratarles, comprenderles y permitirles ser mayores, la actítud de los padres ante lo nuevo y las restricciones de la disciplina familiar.

e) Dificultades en la adaptación social. 

Se modifican profundamente las relaciones del sujeto con el medio. Como consecuencia los adolescentes muestran el inconformismo y la rebelión contra la sociedad anónima que mantiene sus costumbres. Oponerse, distinguirse, es comenzar a situarse en relación al mundo.

f) Los amigos

Experimenta una necesidad psíquica de comunicar sus propias ideas y experiencias a una o varias personas en las que confia y dedica una amistad exclusiva. Es el momento en el que suelen deshacerse las pandillas de 10-13 años y surgen los grupos cerrados de 2 ó 3 amigos.

El grupo de amigos del adolescente es una estructura más evolucionada que la pandilla. En él consigue el apoyo mutuo para lograr su independencia, desarrollar sus habilidades, ser él mismo, expresarse libre y francamente, etc. También provoca el sentimiento de valoración personal que necesita al verse aceptado por sus compañeros, al concederlo el prestigio de pertenencia a un grupo, etc.



Los adolescentes más desarrollados comienzan a despegarse del grupo empezando con una nueva fase en la amistad íntima. Son amistades exclusivas, fervorosas, celosas y se parecen al amor al que preceden. El amigo desempeña el papel de sostén del yo. Esta amistad se suele disolver debido a la separación espacial, el comienzo de las relaciones sexuales, etc. y raras veces llegan a perdurar debido al carácter mutable y pasajero de los sentimientos.




Las 10 claves de la adolescencia








En 1955, la película de Nicholas Ray Rebelde sin causa creó un estereotipo que permanece en el imaginario colectivo: el adolescente como figura indómita. En el film, Jimmy Stark –James Dean– era la viva imagen del muchacho torturado. Desde entonces, esa etapa de la vida marcada por la oposición a todo, entre otras cosas, ha sido estudiada a fondo. Psicólogos y sociólogos investigan si su comportamiento obedece a un rito social, se debe a un cúmulo de factores biológicos que se activa en un momento dado o se trata de una combinación de ambos. Aquí intentamos dar respuesta a algunas cuestiones vitales que surgen entre los 11 y los 19 años de edad. 

1. ¿Por qué están siempre molidos y comen como limas?


La sorprendente voracidad de los adolescentes responde a razones biológicas: a medida que se alcanza la pubertad, aumenta la necesidad de nutrientes, pues en esta etapa se crece rápidamente. Sin embargo, parecen estar siempre cansados. Esta fatiga suele atribuirse a cambios hormonales, problemas de adaptación y al sobreesfuerzo. Otra de las causas de este bajón podría ser un retardo en el reloj biológico que controla los ritmos del sueño. Según un equipo de investigadores australianos de la Universidad Tecnológica de Swinburne, los púberes viven en un continuo desfase horario, lo que les hace despertarse un par de horas antes de lo normal. Eso se traduce en falta de energía y sensación de atontamiento.

2 ¿A qué se debe su cara de zombi?


La dificultad que tienen muchos adolescentes para dormir a las horas más habituales tiene que ver con una modificación en el ritmo circadiano. Según esta hipótesis, su reloj biológico se invierte con respecto a la infancia y la madurez, esto es, a los adolescentes el cuerpo les pide dormirse y despertarse más tarde. Un jet lag permanente. Ahora, un estudio del Instituto Politécnico Rensselaer, en Berlín, publicado en la revista Neuroendocrinology Letters ha desvelado uno de los factores involucrados en esta alteración biológica: la falta de luz natural. En un experimento, los científicos pidieron a unos voluntarios que utilizaran durante varios días unas gafas especiales que evitaban la longitud de onda corta o luz azul. Esa trampa implicó un retraso de 30 minutos de media en el inicio del sueño. Estos expertos señalan que, al no recibir luz diurna, se retrasa el inicio de producción de melatonina, una hormona que indica al cuerpo la necesidad de dormir. Pues bien, la aparición de esta hormona se demoró seis minutos por cada día que estuvo limitada la exposición a la luz azul. Las conclusiones concuerdan con los datos de otros estudios que indican que el mayor nivel de melatonina en los adolescentes se da a primera hora de la mañana, cuando el resto de personas se despierta.

3. ¿Por qué nunca piensan las cosas? 

Para los adultos, los quinceañeros parecen estar sumidos en el caos. De su mente surgen ideas que no concuerdan con su personalidad y su toma de decisiones parece basada en criterios incoherentes e inestables. Sin embargo, un equipo de investigadores de la Universidad Temple de Filadelfia, en EE UU, ha negado en la revista American Psychologist que el problema se deba a su supuesta irracionalidad. Lo cierto es que los jóvenes de esta edad alcanzan conclusiones del mismo modo que los adultos. Su problema es que carecen de las habilidades sociales necesarias para mantener sus decisiones. No han adquirido la suficiente capacidad de coordinación entre lo que piensan y lo que hacen. En la investigación, realizada por franjas de edad, se llegó a la conclusión de que su aptitud resolutiva alcanzaba pronto el nivel de cualquier adulto. Los adolescentes demostraron ser capaces de optar de forma razonada ante dos alternativas planteadas sobre distintos aspectos de su vida cotidiana, salud o problemas legales. Pese a ello, se comprobó que la mayoría perdía esa capacidad lógica en cuanto intervenían en el proceso sus compañeros.

4. ¿Es verdad que no se concentran?


Muchas veces da la impresión de que el más mínimo estímulo hace que un adolescente abandone cualquier actividad que sus padres consideran importante. Pero no se trata de vaguería. Según un estudio del Instituto de Neurociencia Cognitiva de la University College, en Londres, en la adolescencia se mantiene parte de la estructura cerebral de la niñez. Así, los sesos siguen realizando tareas innecesarias incluso en el momento en que el sujeto debería estar centrado en un solo asunto. Mediante escáneres de resonancia magnética, los investigadores comprobaron que, cuando un joven intenta concentrarse en una tarea ignorando los estímulos que puedan distraerle, presenta una gran actividad en el córtex prefrontal, un área involucrada en la toma de decisiones cotidianas. Es decir, a la vez que intenta enfocar su mente en un trabajo, está pensando en sus problemas de pareja, discusiones con los amigos o sus estudios. 


5. ¿Qué les seduce tanto de las drogas?


En esta ocasión, han sido unos científicos de la Universidad de Yale, en EE UU, los que han aportado datos relevantes sobre las bases fisiológicas de otro fenómeno clásico de esta edad: la mayor vulnerabilidad a las adicciones. La inmensa mayoría de las personas que dependen de sustancias como el tabaco, el alcohol o la cocaína se han iniciado en su consumo durante la adolescencia. La cuestión es si, además de factores psicológicos –como la importancia que se da a las opiniones de los amigos y al papel que el individuo tiene en el grupo–, existen detonantes biológicos que expliquen la propensión a fumar, beber o drogarse. Un estudio que ha aparecido en la revista American Journal of Psychiatry sostiene que las zonas del cerebro que ejercen el autocontrol sobre los impulsos no están totalmente formadas en la adolescencia. Por lo tanto, la tendencia a la adicción no es sólo un trastorno del comportamiento, sino también un problema de desarrollo neuronal. Según los expertos de la citada universidad, los grandes cambios bioquímicos que se producen en esta etapa de la vida llevan a la persona a buscar nuevas experiencias sin que estén listos los mecanismos fisiológicos de contención.

6. ¿Por qué son tan temerarios?


También hay una causa orgánica detrás de la conducta imprudente que exhiben muchos adolescentes. Un estudio de la Universidad de Texas, en Austin (EE UU), dirigido por el profesor de Psicología Cognitiva Russell Poldrack determinó que en esta etapa vital tiene lugar una gran actividad en el sistema mesolímbico, una región donde el neurotransmisor predominante es la dopamina. Este mensajero químico está muy implicado en el sistema de recompensa cerebral. Todas las experiencias placenteras naturales –por ejemplo, provocadas por la comida o el sexo– y artificiales –inducidas por las drogas– concurren con una liberación de dopamina. Cuanto más se activa el sistema dopaminérgico, mayor es la sensación de euforia que se experimenta.

Por otra parte, la dopamina está más relacionada con la expectativa del refuerzo que con la recompensa misma, es decir, se libera más con el deseo que con la satisfacción que este produce. Las conductas de riesgo, como hacer puenting o experimentar con drogas, son estimuladas por esta sustancia. Y ello concuerda con la investigación de la Universidad de Texas, según la cual los adolescentes liberan en determinados momentos una gran cantidad de dopamina. Esto les hace proclives a ciertas actividades arriesgadas de las que pueden arrepentirse cuando se reducen los niveles del neurotransmisor.

7. ¿Por qué sufren cambios de humor repentinos?


adolescentes-reportajeLas alteraciones fisiológicas explican en buena medida por qué los adolescentes suelen estar más malhumorados de lo que parece normal. Las descargas de hormonas que se vierten en el organismo pueden producir transiciones rápidas de tristeza a alegría o de amabilidad a furia. Pero hay otro factor que es fundamental, según una reciente investigación de la organización Sleep Scotland, en Edimburgo (Escocia:( la falta de sueño. Este colectivo ha detectado que los cambios en el estado de ánimo se corresponden con épocas en que dormimos muy pocas horas. En el caso de los púberes, se debe sobre todo a la gran cantidad de tiempo que dedican por las noches a los videojuegos, a la televisión o a internet. Esto propicia que muchos jóvenes sólo duerman entre cuatro y cinco horas al día, lo que influye de manera determinante en sus drásticos cambios emocionales. 

8. ¿Les importa mucho lo que opinen sus colegas?


La psicóloga Helen Jones Emmerich, de la Universidad del Estado de Nueva York, en Stony Brook, constató científicamente a mediados de los años 70 algo que parecía de sentido común: los adolescentes dependen más de la opinión de sus amigos que de la de sus padres. Esta influencia se da sobre todo en temas como la manera de vestir, los hábitos de diversión o la forma de resolver problemas escolares. En asuntos como la elección de un empleo o la resolución de un conflicto moral profundo tienen menos peso, pero el influjo de sus coetáneos sigue presente.

Según algunos investigadores, los adolescentes dependen tanto del criterio ajeno porque a esa edad hay muchos factores psicológicos que sólo se optimizan cuando tienen un buen feedback de sus amigos. Por ejemplo, en un reciente estudio, los psiquiatras David Moreno, Estefanía Estévez, Sergio Murgui y Gonzalo Musitu llegaban a la conclusión de que la reputación social del joven explica en gran parte su mayor o menor sentimiento de soledad, autoestima y satisfacción vital. Por otra parte, estos investigadores advierten que a estas edades parece esencial satisfacer las expectativas del grupo de referencia, lo que puede ser un factor positivo para determinados jóvenes, pero a la vez promover su lado más violento y antisocial. 

9. ¿A qué vienen tantos mensajitos de móvil?


Una reciente investigación de la Universidad de Michigan y del Proyecto Pew Internet & American Life ha revelado que los adolescentes realizan la mayoría de sus comunicaciones a través de mensajes de texto, a pesar del uso masivo del correo electrónico y el éxito de las redes sociales, como Facebook o Twitter. El volumen es impresionante: una media de 30 SMS al día en el caso de los chicos y de 80, en el de las chicas. Las razones tienen que ver con un formato que impone la brevedad –lo cual les gusta– y la difusión casi universal, ya que prácticamente todo el mundo tiene móvil. El estudio encuentra, además, otro factor que explica esta expansión: el sentido de privacidad. Los SMS parecen notas secretas, lo que los convierte en el medio ideal para mensajes íntimos. Sin embargo, hay un dato curioso que nos hace reflexionar sobre el tipo de comunicación que se establece con los padres: en la mayoría de los casos, para hablar con sus progenitores los chavales prefieren utilizar llamadas de voz. ¿Quizás porque a ellos no les cuentan todos sus secretos?

10. ¿Por qué son tan susceptibles?


Los jóvenes son quisquillosos a la hora de aguantar bromas sobre ciertos temas. Eso es algo que todo el mundo ha podido constatar gracias a la cara que se le queda al adolescente cuando considera que ha sufrido una broma de mal gusto. Pero a pocos investigadores se les había ocurrido relacionar esta suspicacia con los cambios hormonales. El dermatólogo Sam Shuster, del Norfolk and Norwich University Hospital, en el Reino Unido, tenía la costumbre de pasear por la calle montado en un monociclo. Con el tiempo, empezó a observar que las reacciones de los viandantes eran similares y fácilmente agrupables por edad y sexo. Eso le llevó a pensar en que debía de haber algún factor biológico subyacente, por lo que decidió realizar un estudio. El resultado, que apareció hace tres años en el British Medical Journal, avala la hipótesis de que la descarga de andrógenos, como la testosterona, produce una reacción más agresiva hacia lo chocante. De hecho, las actitudes más violentas –por ejemplo, de peatones que intentaban hacerle caer del monociclo– provenían casi siempre de niños de unos 11 años. Esta respuesta se canaliza con la edad y deriva en ataques verbales, típicos de la adolescencia. Pero persiste esa tendencia bioquímica al rechazo de cualquier acto que el joven considere una excentricidad de adultos. Es como si hubiera una propensión a ofenderse cuando se considera que una persona madura está haciendo el ridículo. ¿Vergüenza ajena, necesidad de situar a los padres en su rol o simple falta de sentido del humor? ¡Quién sab




ADOLESCENCIA



RECORDANDO UN POCO CUANDO FUIMOS ADOLESCENTES…


Educar a un adolescente es ayudarles fomentando su independencia, su libertad, enriqueciéndolos sin anularlos, estando al lado, y no encima. 

Con esta información sólo quiero que quede bien claro que la adolescencia es esa edad en la que todos juramos  que seríamos distintos a nuestros padres o personas que están a al pendiente de nosotros, para acabar con el tiempo pareciéndonos y acercándonos absolutamente a ellos… esa edad en la que ustedes se reconocerán en estas frases: 


· Miente respecto al colegio o pira.
· Deja la habitación como una pocilga.
· Quiere volver tarde.
· Tiene una actitud agresiva. Incluso amenaza o insulta.
· No hace más que ver la tele.
· No ayuda en casa.
· Siempre quiere estar solo
· Sé que bebe o fuma
· Está siempre en bares y discotecas.
· Exige continuamente cosas caras, de marca y tiene rabietas si no lo consigue…
· Quiere vestirse de la forma más rara del mundo
· Está apático, parece no importarle nada… 


Bien, pues todos estos problemas, siempre que no se desborden como ya hemos visto, forman parte de su evolución, de su crisis de oposición, que como toda crisis es madurativa y cuya ausencia es patológica. Es decir es básica la rebelión contra la familia, puesto que ésta tiene que ser negada para que el adolescente llegue a la madurez real, por ello una hiperautoridad paterna que aplasta sistemáticamente todo intento de afirmación del adolescente o por el contrario la superprotección y el exceso de permisividad hacen que el adolescente no sepa a qué atenerse y pueda por tanto complicarse su crisis hasta hacerse patológica y necesaria de tratamiento… 


Para que esto no suceda es importante tener grandes dosis de amor, de paciencia, de comprensión y de recuerdos…. Quizás es por esto por lo que los padres no suelen comprender a sus hijos en esta edad, no se acuerdan. Es por eso que en esta profesión en donde hay trato continuamente con ellos creo que lo importante es volver la vista atrás…y recordar… no, no está tan lejos, sólo hay que recordar las riñas con los padres por la hora de llegada, las amenazas de cortar el teléfono, que en la actualidad puede ser desconectarlos de Internet, los suspensos, los novios, las copas de más, la responsabilidad de menos, el egoísmo de creer que el mundo era nuestro y que todo debería estar a nuestra disposición…recordarnos a nosotros mismos, como nos sentíamos, la incertidumbre ante el futuro, el no saber bien quiénes éramos, el cuestionar todos los valores de nuestros padres…. Es solo un ejercicio de memoria… no queda tan lejos… sólo hay que intentarlo.



EL DESEO SEXUAL



Como hemos indicado anteriormente, una de las novedades más relevantes en la adolescencia es la aparición del erotismo puberal. Una manera de enriquecer el conocimiento de tal evento, consiste en tomar en consideración las aportaciones más actualizadas acerca del deseo sexual.

Una de las aportaciones más interesantes para comprender como se conforma en la adolescencia es la realizada por Levine (1988,1992). Este autor indica que el deseo sexual está constituido por tres elementos moderadamente independientes: El impulso, el motivo y el anhelo. El impulso (drive) representa la base biofisiológica del deseo sexual, el motivo (motive) hace referencia a su articulación psicológica y el anhelo (wish) a su representación socio-cultural.

El impulso sexual está constituido por lo que podríamos considerar el "sistema sexual", aceptando la imprecisión de este concepto (Le Vay, 1993). Los seres humanos heredan filogenéticamente los elementos anatómicos, fisiológicos y neuroendocrinos que regulan el comportamiento sexual y que generan predisposiciones comportamentales hacia los estímulos eróticos. Como es bien sabido, la testosterona es la hormona relacionada con el deseo sexual en ambos sexos (Bancroft y Reinisch, 1991; Bancroft, 1988,1989). Sin embargo la motivación sexual constituye, en el sentido propuesto por Singer y Toates (1987) un sistema interactivo entre el "sistema sexual" (bases biofisiológicas del deseo sexual) y los incentivos, siendo éstos estereotipados en las especies subhumanas y complejos en los humanos por las diversas mediaciones tanto psicológicas, como culturales. Por tanto el impulso hace referencia a la activación que puede generarse desde la propia dinámica biológica, o inducirse a partir de determinados incentivos, es decir estímulos que en diversas situaciones tienen valencia erótica. Activación en definitiva.

El motivo constituye la articulación psicológica del impulso sexual. Representa la disposición hacia la actividad sexual. Se manifiesta por el integración del impulso en el conjunto de la personalidad y supone la aceptación o el consentimiento de la activación sexual, la disposición hacia lo erótico. Esta depende de la propia historia sexual y de como haya sido su socialización en el contexto socio-cultural donde éstos se desarrollan.

El anhelo se corresponde con la representación sociocultural del deseo sexual y significa el deseo de llegar a estar involucrado en la experiencia sexual, siendo este componente independientemente del impulso y del motivo. Sin embargo, este anhelo está fuertemente mediatizado por el contexto. Historiadores, sociólogos y antropólogos llaman la atención sobre el hecho de que la vida sexual está influenciada por fuerzas sociales que circundan al individuo y que pueden llegar a ser más importantes que la propia vida individual (Levine, 1992). Dicho de otra manera las aspiraciones sexuales están fuertemente diseñadas por la tradición cultural, el momento histórico y los intereses de las clases dominantes. Una de las principales expectativas respecto a las aspiraciones sexuales se derivan de la organización sociocultural de los roles que se definen basándose en los contenidos de género que en función de las personas y sus capacidades. El discurso social acerca de la sexualidad establece lo que puede ser deseado por mujeres o por hombres.

Un ejemplo radical, propuesto por el propio Levine (1992, pag. 55), referido a la articulación de los tres componentes del deseo sexual es el siguiente: En las primeras sectas cristianas el impulso sexual era considerado como una fuerza demoníaca, el motivo - como componente del deseo sexual- consistía en la evitación de toda experiencia subjetiva de deseo, y el anhelo se convertía en la aspiración de ser virtuoso, es decir, radicalmente ascético.

Bien al contrario desde el punto de vista de criterios amplios de salud sexual, se puede considerar que un objetivo evidente de la educación afectivo sexual en la adolescencia, consiste en facilitar la posibilidad de que cada adolescente pueda reconocer su impulso sexual, integrar los motivos para la actividad sexual en el conjunto de su personalidad con una perspectiva de futuro, y valorar críticamente los anhelos o aspiraciones eróticos respecto a su propia identidad, de una manera auténtica, personal, sin tergiversaciones, que responda genuinamente a sus propias necesidades y no a otras inducidas externamente.

Estos tres componentes del deseo sexual son realidades moderadamente separadas. La armonía entre ellos producen una adecuada integración del mismo. En el espacio clínico se puede apreciar su relativa independencia, puesto que en las personas que presentan dificultades con el deseo sexual es posible observar determinadas incongruencias entre ellas. Por ejemplo, personas con un nivel óptimo de impulso, podrían tener razones para evitar la experiencia emocional subjetiva del deseo sexual por diversos motivos. El discurso social sobre lo "sexualmente correcto" podría lograr que una persona anhelase desear sexualmente aquello que dista de su propia realidad.