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viernes, 8 de marzo de 2013

El síndrome de Peter Pan


¿Quién no ha conocido a algún adulto incapaz de crecer, que se comporta como si siguiera siendo un jovenzuelo y que huye de cualquier tipo de responsabilidad o compromiso? El caso de este tipo de personas, que cada vez se da con más frecuencia, es lo que en psicología se denomina el síndrome de Peter Pan, en relación al famoso personaje de la literatura infantil que se negaba a crecer.


El síndrome de Peter Pan lo podemos definir como la serie de síntomas que caracterizan a aquellas personas que son incapaces de madurar y que siguen comportándose como si fueran niños.

El psicólogo Dan Kiley lo definió como los síntomas que muestran aquellas personas que no quieren renunciar a ser hijos para empezar a ser padres.

Siempre han existido personas con estas características, pero hasta bien avanzado el siglo XX no se han considerado que fuesen manifestaciones de algún tipo de síndrome o complejo.

El síndrome de Peter Pan no es considerado una enfermedad mental ni un trastorno psicológico y los síntomas que lo definen no tienen una catalogación desde el punto de vista psiquiátrico, por lo tanto lo podemos considerar más bien como un complejo, entendiendo por complejo según la definición de la psicóloga Janet Cardozo, como el conjunto de ideas, generalmente inconscientes, ligadas a contenidos de tipo afectivo que originan unas determinadas pautas de comportamiento.


  2. Características de estas personas

Aunque el síndrome de Peter Pan no es exclusivamente un complejo masculino, si es cierto que es muchísimo más frecuente en los hombres que en las mujeres.

La inmadurez es la característica que define a las personas con este síndrome y ésta se manifiesta en los siguientes rasgos de comportamiento:

- Son personas que huyen de la responsabilidad y del compromiso.
- Tienen una personalidad marcadamente narcisista.
- Son muy dependientes de otras personas y son incapaces de afrontar por sí solos los problemas.
- Son caprichosos y egocéntricos.
- Tienden a culpar a los demás de todos sus fracasos.

Este tipo de personas viven el presente y no se plantean proyectos a medio o largo plazo, tienen una visión alegre y algo superficial de la vida.

Por lo general suelen resultar personas divertidas y resultan muy atractivas, por lo que tienen cierta facilidad para establecer relaciones con el sexo opuesto, pero una gran dificultad para consolidar estas relaciones.

Dan la sensación de ser personas muy seguras de sí mismas y en ocasiones se muestran rebeldes y arrogantes, pero en realidad son personas vulnerables, que esconden una gran inseguridad y un temor a no ser queridos, tienen pánico a la soledad y necesitan siempre tener a su lado a alguien que cuide de ellos.

Su vida puede transcurrir felizmente porque estas personas desarrollan una especie de caparazón psicológico, pero los momentos de crisis pueden ser muy dolorosos, ya que repentinamente se encuentran con una vida vacía e irrealizada lo que les lleva frecuentemente a sufrir depresiones y crisis de ansiedad.



  3. ¿Por qué se produce el síndrome de Peter Pan?

La infancia es una época feliz y despreocupada, siempre hay otras personas que se ocupan de resolver nuestros problemas. Al finalizar la adolescencia empezamos orientar nuestras vidas hacia lo que será la etapa de adultos, en los "Peter Panes" aparece entonces una negación a superar esta etapa y entrar en la vida de los adultos.

Hay algunos factores que favorecen esa tendencia a no querer superar esta etapa.  La sobreprotección que ejercen algunos padres con sus hijos puede tener como consecuencia que éstos no sean capaces en un futuro de afrontar sus responsabilidades como adulto y se refugien en la idea de una vuelta al pasado.

La añoranza de la infancia y la juventud también es un factor fundamental, los "Peter Panes", se resisten a abandonar estas etapas, en las que todo les resultaba más fácil y que suelen recordar de una manera idealizada.

En los últimos años este fenómeno se está extendiendo y cada vez son más los cuarentones que nunca encuentran el momento de abandonar la casa de sus padres y que siguen teniendo una vida social más propia de adolescentes que de personas adultas.

En esto no sólo influyen aspectos psicológicos. Los factores económicos hacen que cada vez sea más difícil la emancipación y también existe una tendencia social a magnificar todos los conceptos relacionados con la juventud que hace que muchas personas se resistan a entrar en la vida adulta.



  4. ¿Hay tratamiento?

En cierto modo podemos decir que todos los adultos llevamos un niño dentro, esto no es malo, sino todo lo contrario, nos da fuerza para seguir ilusionándonos por las cosas.

El problema aparece cuando ese niño nos bloquea nuestra capacidad de asumir responsabilidades y de comportarnos con madurez.

Tratar a personas con síndrome de Peter Pan es extremadamente complicado, ya que estas personas no consideran que tengan un problema y además tienden a culpar a los demás de las consecuencias que su inmadurez acarrea.

Las conductas que se mantienen durante mucho tiempo son muy difíciles de corregir, por lo tanto lo ideal es que los padres de hijos que empiezan a manifestar estos síntomas de inmadurez actúen en consecuencia, lo mejor es permitir que estas personas se enfrenten a la realidad por duro que pueda parecer y que asuman la responsabilidad de sus propias conductas.

jueves, 7 de marzo de 2013

Modelo de tipos de personalidad según Carl Jung


Desarrollado por: Carl Jung en 1923.

Las aportaciones de este psicólogo suizo, giran en torno a los tipos psicológicos de personalidad y permiten establecer una conexión entre los estilos de aprendizaje y las relaciones interpersonales.

Descripción del modelo:
Jung menciona que toda actividad consciente ocurre en el individuo a través de dos procesos perceptivos (sensitivo e intuitivo) y dos procesos para la toma de decisiones (racional y emocional). Todos los individuos utilizan los cuatro procesos. La diferencia estriba en el proceso dominante, caracterizando así la manera en que la persona maneja su vida. (Almaguer, 1998; y Guild y Garger, 1998).

Otra dimensión que define el comportamiento, según Jung, tiene que ver con el interés hacia las cosas (extroversión e introversión).

Jung encontró que las cuatro funciones –sensitivo, intuitivo, racional y emocional– pueden ser expresadas de forma distinta por los individuos que tienen preferencias extrovertidas y por los de preferencias introvertidas.
Para describir las cuatro funciones de manera breve, se retomarán las palabras de Jung (1923, citado en Silver, et al., 2000) que dice “el sensitivo nos dice que algo existe, el racional nos dice lo que es, el emocional nos dice si es agradable o no y el intuitivo nos dice de dónde viene y hacia dónde va” (pp. 21).

Procesos perceptivos
El sensitivo ve el mundo por medio de sus sentidos. Observa lo que es real y lo que sucede. Esto le permite recopilar información y enfocar su atención en acciones prácticas.
El intuitivo percibe al mundo por medio de las posibilidades y las relaciones; lee entre líneas, interpreta señales, busca significados y se concentra en lo que puede ser. Mira los viejos problemas de una forma nueva y creativa.

Para Guild y Garger (1998) “estos dos procesos perceptivos definen la ventana a través de la cual observamos nuestra vida” .

Procesos para la toma de decisiones
El racional analiza información, datos, situaciones y personas y aplica la lógica para tomar decisiones. Es objetivo y calmado. Si no tiene suficiente información, busca hasta quedar satisfecho con lo que ha encontrado.
El emocional es subjetivo, perceptivo y empático. Busca alternativas y examina evidencia para tener una visión personal. Toma la evidencia circunstancial como extremadamente importante. Utiliza con frecuencia la frase “depende...” para explicar sus decisiones.

Al igual que los procesos anteriores, ambos extremos se dan en todas las personas. Dado que son opuestos en un continuo, “tomar decisiones con un énfasis racional hace desconfiar de las emociones y de las percepciones personales. De igual manera, decidir emocionalmente puede llevar al escepticismo de la lógica y la evidencia racional.” (Guild y Garger, 1998, pp. 72.)

Interés hacia las cosas
El extrovertido opera cómodamente y con éxito interactuando con el mundo externo: otras personas, experiencias y situaciones. Comparte sus pensamientos en voz alta y da importancia a las opiniones que los demás. Es abiertamente emocional y expresivo.

El introvertido está más interesado en el mundo interno, el mundo de las ideas y los pensamientos propios. Es pensativo, reflexivo y actúa con calma. Mantiene sus emociones en privado.

Estos seis elementos son la base de la descripción que Jung hace del comportamiento humano. “Creía que todos nacemos con una tendencia hacia un patrón específico de comportamiento. El cambio de este patrón es posible, pero es un proceso lento. La madurez nos ayuda a desarrollar nuestras fortalezas y también a comprender otras formas de ver la vida” .


Muchos estudiosos han retomado las aportaciones de Jung para seguir trabajando con estilos de personalidad. Entre ellos se encuentran Briggs y Myers (1920’s); Paul Mok (1975); Robert Hanson, Harvey Silver y Richard Strong (1997).

Es importante mencionar que muchos de estos autores han generado modelos que brindan una orientación a educadores.

Por ejemplo, Robert Hanson, Harvey Silver y Richard Strong (1997) aplican la tipología de Jung a la educación.
Si te interesa este tema,  consulta los siguientes libros:
  • Hanson, Robert y Silver, Harvery (1982/1996). Learning Styles and Strategies. Morristown, NJ: Silver Strong and Associates, Inc.
  • Silver, Harvery; Strong, Richard y Perini, Matthew (2000). So Each May Learn. Alexandria, VA: ASCD.

También Anita Simon y Claudia Byram (1977), identifican la importancia de los patrones de comunicación para que los maestros puedan trabajar con estudiantes, padres de familia, administradores y con otros maestros.

Si te interesa este tema consulta el libro:
Simon, Anita y Byram, Claudia (1977). You’ve got to reach ‘em to teach ‘em. Dallas, TX: Training Associates Press.

Si deseas profundizar en los tipos psicológicos estudiados por Carl Jung, acude a las siguientes direcciones de Internet:
http://www.nwlink.com/~donclark/hrd/learning/styles.html

jueves, 28 de febrero de 2013

Personalidad


La personalidad está formada por una serie de características que utilizamos para describirnos y que se encuentran integradas mediante lo que llamamos el yo o "sí mismo" formando una unidad coherente.

Entre estas características se encuentra lo que en psicología se denominan rasgos (como agresividad, sumisión, sociabilidad, sensibilidad...); conjuntos de rasgos (como extroversión o introversión), y otros aspectos que las personas utilizan para describirse, como sus deseos, motivaciones, emociones, sentimientos y mecanismos para afrontar la vida.

Es decir, la personalidad es la forma en que pensamos, sentimos, nos comportamos e interpretamos la realidad.

Nuestro concepto de nosotros mismos

Un aspecto muy importante de nuestra personalidad es la forma en que nos vemos a nosotros mismos y al mundo que nos rodea. Dos personas diferentes pueden interpretar la realidad de forma distinta. Al observar un bosque a lo lejos ambas coincidirán en que allí hay árboles y montañas, pero mientras una de ellas puede ver un lugar lleno de peligro, la otra puede estar viendo un paraíso en el que le gustaría perderse durante varios días.

Las personas reaccionan al mundo de acuerdo a su modo de percibirlo. La personalidad determina ese modo de ver el mundo y de vernos a nosotros mismos, pero, al mismo tiempo, la manera de vernos a nosotros mismos influye en nuestra personalidad. Por ejemplo, si varias personas le dicen a un niño que es muy inteligente, es muy probable que piense de sí mismo que lo es, mientras que si le dicen lo contrario llegará a considerarse una persona poco inteligente. Esto es debido a que es difícil comprobar si somos o no inteligentes (mientras que es bastante fácil comprobar, por ejemplo, la fuerza física). Por este motivo, muchas veces recurrimos a los demás para definirnos, basándonos en la opinión que otros tienen de nosotros. En otras ocasiones nos describimos tomando a los demás como punto de referencia. Si alguien nos dice "soy un dormilón", lo que nos está diciendo es que duerme más horas que la mayoría de las personas.

La percepción de nosotros mismos y de los demás suele estar relacionada. Por ejemplo, a veces atribuimos a los demás rasgos de personalidad que nos pertenecen a nosotros, porque de ese modo nos resultan más fáciles de entender y porque en ocasiones los conocimientos que tenemos para explicar las causas de nuestra conducta son los únicos de los que disponemos. Es decir, si yo hago tal cosa, lo haría por el motivo X; por tanto, esta persona lo ha hecho por el mismo motivo (por supuesto, esto no tiene por qué ser cierto). Por eso, cuando alguien cambia su autoconcepto cambia también el modo que tiene de ver a las demás personas.

Cuando autoconcepto y realidad no coinciden

Es normal que haya cierta distorsión entre autoconcepto y realidad. Algunas personas se ven como más o menos capaces de lo que son. Pero cuando este desajuste es muy grande se produce una psicopatología.

Supongamos que una persona se considera a sí misma como alguien capaz de mantener la calma en situaciones tensas. Si se declara un incendio y se bloquea, siendo incapaz de reaccionar adecuadamente y poniéndose excesivamente nerviosa, habrá una incongruencia bastante grande entre su autoconcepto y la realidad, debido a que su comportamiento no ha estado de acuerdo con dicho autoconcepto. Cuando se produce este tipo de incongruencia (llamada disonancia), resulta intolerable y tratamos de eliminarla inmediatamente. Esto se consigue de dos formas: 1) cambiando el autoconcepto para ajustarlo a la realidad, o 2) distorsionando la realidad para adaptarla al autoconcepto. En este segundo caso podría producirse un trastorno psicológico.

Por tanto, para evitar que se den estas disonancias, tratamos de comportarnos siempre de acuerdo con nuestro autoconcepto. De este modo, si pensamos algo de nosotros mismo, nos comportamos de acuerdo con eso, tanto si es positivo como si es negativo. Por ejemplo, si alguien se considera agresivo, se sentirá incómodo al comportarse de forma cariñosa, porque crea una incongruencia con su autoconcepto. Esto puede hacer difícil el cambio, pero no imposible.