El cuicacalli (“casa del canto”), al que iban los alumnos
diariamente, desde su escuela, a recibir instrucciones de canto y danza. Estas
actividades sobrepasaban una preparación puramente artística. El canto y la
danza eran considerados en aquel tiempo formas muy elevadas de culto religioso,
y el canto, en particular, una via de transmisión del conocimiento, sobre todo
el histórico. El cuicacalli era también la institución que introducía al
individuo al trabajo comunal. Ahí se distribuían a los alumnos, desde niños, las
actividades tributarias: la siembra de los campos de beneficio colectivo, el
batido de lodo con lo pies para hacer adobes, la participación en la
construcción de obras públicas, etc.
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viernes, 1 de marzo de 2013
Escuela Ichpochcalli.
Ichpochcalli (“casa de doncellas”) de esta escuela casi no
hay noticia. Los Ichpochcalli eran las escuelas a las que asistían las niñas y
las jóvenes. En ellas recibían una educación semejante a las de los
Telpochcalli, aunque en lo correspondiente a su ser femenino.
Transcribo aquí algunas líneas de lo que nos dice fray Diego Durán acerca del templo en el que las doncellas estaban dedicadas al dios Huitzilopochtli:
...
había otro recogimiento de monjas recogidas, todas doncellas de a doce a trece
años, a las cuales llamaban “las mozas de la penitencia”. Eran otras tantas
como los varones, sin haber más ni menos. Estas vivían en castidad y
recogimiento, como doncellas diputadas al servicio de Dios, las cuales no
tenían otro ejercicio si no era barrer y regar el templo, y hacer cada mañana
de comer para el ídolo, y a los ministros del templo, de aquello que de limosna
recogían. La comida que al ídolo hacían era unas tortillas pequeñas, hechas a
manera de manos y de pies, y otras retorcidas como melcochas... con este pan
hacían unos guisados de chile y se lo ponían al ídolo adelante, y esto era cada
día. Entraban estas muchachas y tranquilotas, y desde que entraban dejaban
crecer el cabello...
Escuela Telpochcalli.
Telpochcalli (en náhuatl ‘casa de los mancebos’), centros en
los que se educaba a los jóvenes del pueblo, a partir de los 15 años, para
servir a su comunidad y para la guerra. A diferencia de los nobles que asistían
al calmécac, los vástagos de los plebeyos, conocidos genéricamente como
macehualtin, asistían al telpochcalli. Estas escuelas de jóvenes se encontraban
en cada barrio o calpulli.
La vida en las telpochcalli era dura. Desde la
madrugada comenzaban las extenuantes actividades. El día iniciaba con un helado
baño, seguido de una comida frugal y muy controlada. Solían memorizar los
cantares con los hechos relevantes de sus mayores y las alabanzas de sus
dioses, además de aprender y ejercitarse en el manejo de las armas como el
atlátl, instrumento utilizado para lanzar flechas, y el ma-úahuitl, la curiosa
espada de madera con filos de obsidiana. Los alumnos tenían otras obligaciones,
como la de reparar los templos (teocalli), acarreando los materiales
necesarios, y trabajar las tierras y heredades de forma colectiva para su
sustento. Especialmente se buscaba su resistencia al dolor mediante prácticas
de auto sacrificio. Los alumnos ociosos o incorrectos eran castigados severamente,
por ejemplo, la embriaguez se penalizaba con la muerte. Si alguno de los
alumnos sobresalía por su habilidad y valor en las guerras de conquista, algún
día podría llegar a ser ciudadano distinguido a quien se premiaba y rendían
honores. Cuando alcanzaban la edad requerida para casarse, finalizaba su
instrucción en el telpochcalli.
Escuela Calmecac.
El
Calmecac (del náhuatl calli 'casa', mecatl 'morador' y -c 'lugar') era la
escuela para los hijos de los nobles aztecas. En esta escuela se les entrenaba
para ser sacerdotes, guerreros de la élite, jueces, senadores, maestros o
gobernantes, educándolos en historia, astronomía y otras ciencias, la medición
del tiempo, música y filosofía, religión, hábitos de limpieza, cuestiones de
economía y gobierno, y sobre todo, disciplina y valores morales. La escuela
funcionaba como un internado, donde los jóvenes vivían, dormían y comían. Los
aspirantes a guerreros de la élite o a gobernantes recibían más entrenamiento
militar y sobre asuntos de economía y gobierno. Los jóvenes de los nobles eran
educados en casa cuando pequeños, pero a cierta edad, que diversos autores
asignan entre 7 y 15 años de edad, entraban a vivir en el calmécac. Hacían
penitencia y auto sacrificio, usando espinas de maguey, ayunaban frecuentemente
y practicaban la abstinencia. Además usaban ropa ligera para desarrollar el
control de sus cuerpos contra el frío. Trabajaban duro durante el día, y
pasaban en vela muchas noches en rituales de purificación.
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