La vida es un libro abierto a tu lectura
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domingo, 3 de marzo de 2013

POSIBLES FUTUROS DEL LIBRO




Una de las ideas que está sonando últimamente dentro de la industria editorial se relaciona con los libros electrónicos dedicados a los más jóvenes, aquellos que incorporan a su vida todo tipo de medios -música, vídeo, imágenes-, creando no sólo ediciones ampliadas sino libros pensados ya con ese componente transmedia.

Esto quiere decir que es probable que asistamos en breve a un boom de libros creados para tablets en los que la palabra escrita pase a ser un complemento más junto al vídeo y la música, perdiendo el papel preponderante que hasta ahora mantenía. Habrá que analizar estos libros con detenimiento, si es que a estos nuevos contenedores de información se les puede llamar libros o si hay que empezar a pensar en un nuevo nombre para ellos.

Hay que tener en cuenta también que la manera que tenemos de recibir la información influye en nuestra manera de pensar. La estructura de un libro presenta unas características con las que nos hemos ido formando en los últimos siglos, algo que podría cambiar si el discurso interior de la lectura se cambia por un método interactivo.

Posiblemente nos encontremos ante una división más grande que la de los ebooks y los libros en papel: el verdadero libro electrónico del futuro tenderá a acumular la información relacionada con su contenido en todos los formatos posibles, no sólo en texto plano o enlaces de hipertexto. ¿Estamos capacitados para hilar ese tipo de discursos fragmentados que se desarrollan a diferentes planos? Dentro de unos años, cuando el dominio de las pantallas se haga mucho más evidente, la cultura del libro tendrá que especializarse frente al ocio más popular, incluso convirtiéndose en una afición más peculiar y característica, de lo que es hoy en día.

Sin duda, todavía falta mucho para esta situación, y habrá que ver si este tipo de contenedores es capaz de funcionar frente al cine o la televisión -también en sus formas futuras-, mucho más adaptables, en principio, al ocio multimedia de duración limitada.


Alfredo Álamo el 23 de febrero de 2013 en Literatura, Literatura electrónica, Mundo Editorial

DIGITAL Y PAPEL, UN NUEVO ENFRENTAMIENTO




Les comparto la reflexión de Gabriella Campbell en Literatura,Tecnología.

¿Es mejor leer en papel o en ebook? 


Esta debe de ser una de las preguntas que más se han realizado (y contestado) en los últimos tiempos dentro del mercado editorial y del mundo de la lectura en general. Hay respuestas para todos los gustos: están los nostálgicos del papel, aquellos que hablan de su comodidad visual, su tacto y su olor, aquellos que asocian contenidos emocionales con el contenido impreso; y por otro lado están los que defienden lo electrónico, su aspecto práctico y las posibilidades que ofrece por sus aplicaciones y diseño. También es cierto que los lectores electrónicos de hoy en día, con su ligereza, sus pantallas anti-brillo y todo lo demás, tienen poco que ver con los primeros e-readers que aparecían poco a poco, aquellos que pensamos que nunca podrían sustituir al papel.

Para muchos se trata de una discusión sin ganador ni perdedor; disfrutan de las ventajas de ambos formatos, aunque la mayoría sigue teniendo vínculos sentimentales con la obra impresa. Y esto ha influido de manera notable en la recepción que ha tenido un estudio reciente que pretendía demostrar, de una vez por todas, cuál de los dos formatos era más cómodo para la lectura. El Dr. Schlesewsky, un profesor del departamento de Literatura y Lingüística de la universidad alemana Johannes Gutenberg de Maguncia, publicó los resultados de su experimento en uno de los periódicos más importantes de su país, y la respuesta de los lectores fue apabullante: no aceptaban lo que Schlesewsky tenía que decirles: que, desde un punto de vista estrictamente científico, no nos cuesta más leer en ebook que en papel.

Parece ser que en Alemania hay una creencia bastante generalizada (me atrevería a decir que hasta cierto punto en España también) de que el lector electrónico ofrece una lectura más pobre, una comprensión lectora menor a la del libro impreso. Según Kretzschmar, otro de los responsables del estudio iniciado por Schlesewsky, lo que la gente percibe y cómo interpreta su propio comportamiento no es lo mismo que lo que te dicen los datos de los mismos sujetos al realizar una prueba lingüística. Aunque tú insistas en que te cuesta más leer en un formato que en otro, esa no tiene por qué ser la realidad objetiva de lo que está ocurriendo en tu cerebro.

Ayudados de una tecnología que les permitía monitorizar el movimiento del ojo y de sensores EEG para medir el voltaje de la actividad theta del cerebro (directamente relacionada con la codificación y recuperación de la memoria), el equipo científico de varias universidades alemanas pudo trabajar en colaboración con grupos de lectores de diferentes edades para determinar las diferencias entre la lectura en ebook y en papel. 

Los profesionales descubrieron que la actividad era la misma, tanto en movimiento visual como en actividad cerebral, para la lectura en tres formatos diferentes: papel, lector electrónico y tableta; si bien la mayor parte de los participantes, en una ronda de preguntas anteriores a la prueba, había especificado que preferían la lectura en papel que la realizada en un soporte electrónico. La única pequeña variación surgía con el grupo de adultos de mayor edad (de 60 a 77 años), que demostraba menor nivel de actividad al utilizar una tableta; es decir, que les costaba menos esfuerzo, tal vez por el tamaño mayor de la pantalla. Podéis leer el informe completo del estudio aquí (en inglés).

Todo esto da a entender que, independientemente de nuestras tendencias subjetivas, el esfuerzo y el proceso de comprensión del texto es el mismo, leamos en el soporte que leamos (siempre que este tenga unas condiciones mínimas, claro, no creo que los monitores de ordenador de hace quince años o las pequeñas pantallas de los teléfonos móviles sean comparables con los soportes que se utilizaron en las pruebas mencionadas). Es interesante reconocer hasta qué punto somos animales de costumbre, y hasta qué punto nos agarramos a determinados elementos por pura fijación emocional o nostalgia.

No hay nada como el olor de un libro nuevo, es cierto. Pero lo que ya no podremos argumentar es que leer ese libro en papel sea más fácil o más cómodo para nuestra mente que un .mobi, .pdf o similar en nuestro soporte electrónico favorito.

sábado, 23 de febrero de 2013

CIENCIA DE LA LITERATURA


El término ciencia de la literatura es la denominación que algunos estudiosos le dan a los «estudios literarios», entendiendo estos como el enfoque multidisciplinario o la unión o la integración entre la Teoría de la literatura,1 2 la Crítica literaria,3 4 la Historia de la literatura,5 y la Literatura comparada.6 7
La pretensión de conferirle el estatuto de ciencia al estudio de la literatura surge tras el positivismo, al pasarse de la fe ciega en los hechos y en las descripciones, a modelos de investigación holísticos en que se cuenta con hipótesis o principios insertos en el marco de una teoría. La posible aparición de la ciencia en el campo de las humanidades, se vio como la posibilidad de hacer surgir el orden y el sistema allí donde no había sino datos e intuición, al mismo tiempo que protegería el carácter específico de ese campo frente a las invasiones externas.
El objeto de esa hipotética pero posible ciencia de la literatura sería buscar regularidades y extraer sus principios de la propia literatura, y no de fuera de ella; debería fundamentarse en una teoría acerca de la naturaleza de la literatura y pasar después a una fase de conceptualización que permita crear enunciados verificables.
La base metodológica de esta nueva disciplina es, pues, el estudio inmanente de la literatura, utilizando como herramienta principal un preciso metalenguaje, con el fin de llegar a compartir unos principios comunes y evitar en los estudios literarios las vaguedades, el atomismo monográfico, la ordenación histórica esencialmente extrínseca, la inconexión entre las investigaciones realizadas y el carácter meramente acumulativo e inorgánico de los saberes.
Los problemas que siempre se han objetado a la aspiración científica de los estudios literarios son, primero, el de cómo superar la relación entre el objeto estudiado y el sujeto que investiga; y, segundo, qué se hace con la relación entre el texto y el mundo: la semiótica y la pragmática, entre otras, han recordado que un análisis inmanente es, por definión, parcial, al dejar fuera de su estudios numerosos aspectos consustanciales a una obra literaria.
El estudio lingüístico de las obras literarias es una de las renovaciones metodológicas más importantes del siglo XX.
La lingüística pasó de su interés casi absoluto por la diacronía a romper con el positivismo y el historicismo, haciéndose con una terminología y unos útiles cuya aplicación a los textos literarios permitía resultados sólidos y contrastables.
En 1958, Román Jakobson dictó una conferencia fundamental titulada "Lingüística y poética" 8 que inauguró el estudio científico de la literatura desde una perspectiva lingüística, gracias a la cual, hacia mediados de los años sesenta, la lingüística se había consolidado como ciencia piloto de las ciencias humanas, inspirando a investigadores como las deLevi-Strauss, Greimas, Tódorov, Samuel R. Levin, etc.
La base teórica de esta perspectiva es que la literatura debe estudiarse como una construcción cuyos mecanismos pueden ser clasificados y analizados como los objetos de cualquier ciencia. La literatura, en este sentido, no es más que una forma de usar el lenguaje, y por tanto las obras literarias tienen leyes propias que esperan por ser descubiertas y que deben estudiarse en sí mismas: no son ni vehículos ideológicos ni reflejo de verdades trascendentales o de realidades sociales. La literatura es un hecho material cuyo funcionamiento puede estudiarse como se estudian otros fenómenos.